jueves, 28 de octubre de 2010

Ante la muerte, una esperanza


Sobre la muerte, sin exagerar
.
No sabe encajar una broma,
no sabe de estrellas, de puentes,
de tejidos, de minas, de labranza,
de construir barcos, ni de pastelería.
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Hablamos sobre el día de mañana
y dice su última palabra
sin venir nunca al caso.
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Ni siquiera sabe hacer
las funciones propias de su oficio:
ni cavar fosas,
ni clavar ataúdes,
ni limpiar los despojos que su paso deja.
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Ajetreada con tanto matar,
lo hace de cualquier modo,
sin método ni destreza.
Como si se estrenara con cada uno de nosotros.
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De acuerdo, tiene éxitos,
pero ¡cuántos fracasos,
cuántos golpes fallidos
e intentonas estériles!
.
A veces le faltan fuerzas
para fulminar a una mosca en vuelo.
Y más de una oruga la deja atrás
al arrastrarse en la carrera a más velocidad.
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Todos esos tubérculos, vainas,
antenas, aletas y branquias,
plumajes nupciales y pelambres de invierno
demuestran serios retrasos
en su penosa labor.
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La mala voluntad no basta,
y nuestra ayuda a base de guerras y revueltas
no le resulta por ahora suficiente.
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En los huevos laten corazones.
Crecen los esqueletos de los recién nacidos.
Las semillas se visten con sus primeras hojas
y a veces también con árboles en el horizonte.
.
Quien afirma que es todopoderosa
es, él mismo, prueba viviente
de que, de todopoderosa, nada.
.
No existe vida
que, aun por un instante,
no sea inmortal.
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La muerte
siempre llega con ese instante de retraso.
En vano golpea con la aldaba
en la puerta invisible.
Lo ya vivido
no se lo puede llevar.
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Wislawa Szymborska, de su antología Paisaje con grano de arena, Lumen, 2005. Poeta polaca. Traducción: Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski.

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